La migración es una oportunidad

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arios puntos de vista a favor y en contra se discuten día a día en los medios de comunicación, en los trabajos, en la academia e incluso en los hogares. La migración ha causado xenofobia entre los habitantes, debido a la manipulación de la información que conviene y a las ideas implantadas acerca de una migración negativa, es decir sinónimo de problemas, amenazas e inconvenientes para el Estado receptor.

Estos casos que se acostumbraban a ver en Europa derivados, según mi criterio,  a una segunda Guerra Fría que se vive en Oriente Medio y a los grupos guerrilleros que han tomado control en África, también se han presentado por años en la región Latinoamericana. Miles de centroamericanos han caminado kilómetros para encontrar el tan anhelado “Sueño Americano”. Sin embargo, esos problemas de migración que veíamos tan lejos de nuestra casa, hoy, han tocado nuestra puerta y están presentes en cualquier parte del territorio colombiano.

Colombia, un Estado que a lidiado desde inicios de su historia con guerras internas,  a su vez caracterizado por tener las cifras más altas de desplazamiento interno a nivel mundial, incluso para sorpresa de muchos nacionales pasando a Siria, Iraq y Sudan. No estaba preparada ni tenía experiencia para recibir a miles de migrantes venezolanos.

A pesar de esto y para orgullo nacional hay miles de venezolanos vulnerables asentados en nuestro país, recibiendo ayudas no solo por parte de las autoridades públicas, sino de colombianos de buena fe que se solidarizan y comprenden que más allá de la nacionalidad, sexualidad, religión, color etc. todos somos seres humanos. 

Es claro que esta situación ha provocado cambios en la Agenda Nacional de todo tipo, pero el que más ha cobrado relevancia y ha causado mayor xenofobia es el económico, ya que la gente señala al venezolano como culpable del desempleo local a raíz de su mano de obra barata y su trabajo informal. No obstante, nos hemos preguntado alguna vez si esta problemática radica en aquel dueño de negocio que contrata a un venezolano migrante por sacar una ventaja económica aprovechándose de su vulnerabilidad. Si, claramente obedece a un principio básico de economía en oferta y demanda, pero el punto es que el colombiano promedio lastimosamente confunde ser “avispado” con ser “inteligente”.

Es normal que esta situación a corto plazo genera rechazo, costos adicionales y presiones, pero a largo plazo se pueden generar oportunidades para el país. En ese sentido deberíamos cambiar nuestra perspectiva tan básica de ver las cosas y pensemos que la gente que toma una de las decisiones más difíciles de la vida como es levantar sus cosas, dejar su casa, su familia, sus amigos, sus afectos y mudarse a otro país, es básicamente por busca de mejores oportunidades porque es gente que tiene un sueño, un empeño y un deseo de superarse, de contribuir y buscar una mejor vida.

Ahora, como colombianos que también hemos visto y sufrido directa o indirectamente los horrores de la guerra, pensemos que muchos nacionales también han tenido que emigrar en busca de mejores oportunidades y muchas veces se sienten ideas generalizadas erróneas de rechazo por ser colombiano. Por eso quiero resaltar una fracción de la canción de Reymar Perdomo, Me Fui, una venezolana que tuvo que abandonar su país:

¡Ser inmigrante no es jodedera y el que diga lo contrario que lo diga desde afuera!


Diego Poveda
Asesor en Cooperación Internacional
Profesional en Negocios y Relaciones Internacionales

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